Fútbol NacionalLa Tri Femenina

¿A qué juega Ecuador?

EDITORIAL DE FÚTBOL FEMENINO +

Ecuador dejó más preguntas que respuestas tras su presentación ante Paraguay. No solo por el resultado, sino por lo que mostró en cancha. Un equipo que aún no logra construir una identidad clara. Ni desde la solidez defensiva, ni desde una propuesta ofensiva que permita entender a qué juega realmente.

Si hay un aspecto que asoma como el punto más alto, es la intención defensiva. Ecuador busca ordenarse, cerrar espacios y competir desde ahí. Sin embargo, esa aparente fortaleza se ve debilitada por errores recurrentes que se repiten partido a partido y que, lo más preocupante, no terminan de corregirse.

Cuando el equipo tiene la pelota, las dudas se profundizan. No hay circuitos de juego definidos, ni asociaciones que sostengan los ataques. Ecuador no logra transformar la recuperación en construcción, y termina dependiendo más de acciones aisladas que de una idea colectiva.

A esto se suma que los cambios suelen llegar tarde, cuando el partido ya está condicionado, lo que refuerza la sensación de un equipo reactivo, sin capacidad de modificar el rumbo a tiempo.

El otro gran debate pasa por la conformación del plantel. La apuesta por jugadoras jóvenes, está bien proyecta al gran futuro que tenemos, pero al mismo tiempo abre interrogantes cuando se limita el rol o la presencia de futbolistas con mayor experiencia o buen presente en el exterior. No es una cuestión de edad, sino de equilibrio y criterio.

Ecuador parece instalado en una transición permanente. Tiene intención, pero no consolidación; momentos, pero no una idea sostenida.

Con tres partidos aún por disputar y la obligación de ganar para mantenerse en carrera, el margen de error es mínimo. Sin embargo, sin autocrítica, sin apertura a la revisión y sin correctivos claros, la evolución necesaria luce lejana.

Ahí radica la mayor preocupación, porque el talento existe y el potencial también, pero no se traduce en rendimiento colectivo. Y cuando eso ocurre de manera reiterada, la sensación es inevitable, más que un proceso en construcción, que con la mayor ya tendría que estar consolidado Ecuador parece un proyecto que no termina de arrancar.

Y, de no mediar cambios profundos, el riesgo es conocido, volver a quedar en el camino y tener que esperar, otra vez, un nuevo ciclo de cuatro años.

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